Ungidos para servir








   5 de Octubre, 2003
"He Aquí mi siervo, a quien sostendré; mi escogido en quien se complace mi alma. Sobre él he puesto mi Espíritu, y él Traerá justicia a las naciones.
Isaías 42:1

En el Nuevo Testamento se citan parcialmente estos versículos "he aquí mi siervo" (Mt. 12:18-21); sin duda el siervo de quien escribe el profeta es Jesucristo, el Mesías. Al Mesías se le ungiría con el Espíritu Santo a fin de que realizara su obra de redención. Sus seguidores, que continuarían lo que había comenzado Jesús también necesitaban que el Espíritu Santo se derramara sobre ellos (Hch 1:8; 2:4).

Sólo el Espíritu puede capacitar a los creyentes para servir con la sabiduría, la revelación y el poder necesarios. Mediante el poder del Espíritu Santo, el Mesías llevaría a todas las naciones las normas de la justicia santa y los principios de la verdad divina. Por lo tanto, su obra era esencialmente misionera. La misión del Mesías es que todas las naciones oigan el evangelio y tengan la oportunidad de creer en el Siervo-Hijo de Dios.

Esa misma tarea es hoy la responsabilidad de los que ostentamos el nombre de Cristo y El bautiza a sus seguidores en el Espíritu Santo para que podamos cumplir con esa misión. La misión del Mesías abarcaría el llevar el pacto de salvación tanto a los gentiles como a los judíos. Se establecería el nuevo pacto mediante su muerte y por medio del poder del Espíritu Santo, el Mesías libraría a todos los creyentes de las tinieblas del pecado. Jesucristo sería menospreciado y aborrecido por muchos, pero sus antiguos enemigos se inclinarían delante de El.

Isaías predice una época en que los gentiles y la fiel Israel cantarán la alabanza de su Señor a los confines de la tierra.


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